Vivir en Francia

La estafa

Escuché al Rey encender el televisor en la pieza contigua y enseguida me gritó : “¡Ven rápido que Rayan está en la tele!” De inmediato supe de quién se trataba pues sólo he conocido un Rayan que me quitó el sueño durante varias noches…

No entendía ¿por qué estaba en una de las emisiones más populares del país, en horario estelar? ¿El Rayan de Portiragnes ? ¿El que me estafó hace un par de años ?

Si bien Touche pas à mon poste no es la emisión más cualitativa del país, es una de las más populares y sí, ahí estaba Rayan en el programa de Cyril Hanouna en prime time. El Rey y yo, nos quedamos prendados del televisor sin entender ¿qué diablos hacía Rayan en la tele?

El mismo muchachito pálido que conocí estaba en el estudio, bien peinado y ataviado de un saco digno de un Président Director Général. Aclaraba al micrófono que no hubo estafa con los boletos de avión de Skyline Airways, mediante un discurso embrollado y un aplomo increíble.

Entonces pensé en Bruno, mi Jedi del web que tanto me ha enseñado desde la época de la agencia de comunicación surrealista para la que ambos trabajamos, que me decía : “L’habit ne fais pas le moine ? si, si, l’habit fait le moine et je vais t’expliquer…

Ese dicho en francés quiere decir que el atuendo no hace al monje y Bruno, pragmático e inteligente, sostenía toda una teoría con ejemplos concretos de que sí, el atuendo hacía al monje y aquel que se la cree de PE a PA, es capaz de ser monje. La mayoría de las veces será por un breve periodo pero no importa, ese tipo de gente logrará hacer cosas que quienes tienen algo de vergüenza y sensatez, nunca harán. Y sus ejemplos concretos de gente que ambos conocíamos, le daban la razón.

Y ahí estaba Rayan en la tele, mostrándome que el atuendo hace al monje.

En paralelo, busqué en Internet el nombre de la empresa y quedé boquiabierta: cientos de resultados en diversos medios, trend topping en Twitter: “Skyline Airways, estafa, fraude”…

Rayan engañó al equipo de producción de Touche pas à mon poste con una compañía aérea fantasma de 1 euro de capital social. Cyril Hanouna, famoso conductor en Francia, le hizo bastante publicidad a Skyline Airways sin saber que era víctima de Rayan Squaratti y su empresa falsa, y en una emisión, regaló boletos de avión con destino a Grecia para todas las personas presentes en el estudio aquel día. Solo que los boletos eran fantasma.

Itinerarios inexistentes, ausencia de código IATA, empresa desconocida en los registros de la Dirección General de la Aviación Civil, un director de 22 años y otro de 17: la prensa sensacionalista hizo estallar el escándalo.

Me hirvió la sangre al verlo de nuevo, con el aplomo de un PDG Président Directeur Général de una empresa que tiene aviones en foto. Con Photoshop borró el logotipo de aviones reales de una compañía alemana en quiebra y les puso el de Skyline Airways, tal y como hacía con los productos de Shopizor, cuando pretendía ser la competencia de Amazon. Habría que atreverse a hacerlo pero él lo hizo.

Cuando me topé con él, era época de vacas flacas en nuestro hogar. Habíamos acumulado varias pequeñas adversidades y tanto el Rey como yo, necesitábamos milagros o señales de la llegada inminente de tiempos mejores. Queríamos creer que la mala racha se iba a acabar y Rayan fue el remate de aquel periodo intrincado.

Buscaba empleo en mi área cuando leí el anuncio en Indeed : una vacante para la que yo tenía el perfil ideal y a tan solo 10 minutos de casa. El Rey me alentó – como siempre lo ha hecho cuando ya no puedo más – y redacté mi carta de intención para enviarla al PDG de aquella empresa.

El sitio web de Shopizor estaba bien hecho aunque la ausencia de otros rastros de dicha empresa en Internet, me pareció raro y yo estaba en plena búsqueda cuando recibí un correo electrónico convocándome a una entrevista dentro de dos horas. ¡No lo podía creer! Tantas solicitudes enviadas por aquí y por allá y ahí estaba una empresa pidiéndome presentarme de inmediato.

No dejó de parecerme inverosímil : en Francia las cosas serias toman tiempo, mucho tiempo. Pero al Rey le parecía una oferta excelente en mi área, justo al lado de casa y la rapidez en la respuesta podía explicarse por la urgencia.

– “Adelante, prepárate y ve ¿qué más quieres? ¿que las cosas cambien? pues ¡ahí está tu oportunidad!” – me dijo.

Por supuesto yo necesitaba trabajar y una vacante así, en esta región, no se ve todos los días. Confirmé el horario en el calendario Google del email y enseguida me llegó otro correo con la dirección: hotel La Vitarelle en el pueblo de Portiragnes. Se trata de un hotel de mala muerte ubicado a la orilla de la carretera departamental, entre una estación de gasolina y una alfarería. Entonces, ambos nos quedamos sorprendidos y dudamos ¿entonces yo tenía razón? ¿Demasiado lindo para ser verdad?

Pero ¿y los correos electrónicos bien hechos, sin faltas de ortografía y el sitio web impecable? Tal vez el PDG reservó el primer hotel que salió en el motor de búsqueda para llevar a cabo sus entrevistas y no sabía…

Llamé al hotel para preguntar si aquello no era alguna falacia. “No” – me respondió ceremonioso el recepcionista – y me confirmó que el PDG de la empresa se encontraba ese día ahí  y ahí operaban de vez en cuando.

El Rey, perplejo, decidió acompañarme. Mientras yo pasaba la entrevista, él se quedaría en el lobby del hotel.

Al llegar y ver la fachada lúgubre y deteriorada quise huir y mi urgencia por salir del tugurio mal iluminado se multiplicó cuando entré al siniestro lobby y un olor a grasa fría inundó mi nariz  asqueándome de inmediato. Respiré por la boca para guardar la compostura y me sentí humillada por adelantado ¿en dónde me estaba metiendo?

Adiviné la silueta del recepcionista detrás del mostrador destartalado, hundido en una silla pequeña. Un muchacho pálido de pelo oscuro y acné en la cara. Le pregunté por el PDG de Shopizor que me había citado… y el recepcionista resultó ser el señor Squaratti, creador del marketplace que desplazaría a Amazon dentro de un par de meses.

Por supuesto, debí haber salido huyendo. Pero era tanta mi necesidad de creer en un futuro mejor. Quería mostrarle al Universo que estaba lista para aprovechar todas y cada una de las oportunidades que me enviara y pensé en mi madre que me recordaría que Dios dice “ayúdate que yo te ayudaré”. Entonces me quedé.

La famosa entrevista se llevó a cabo en una sala contigua al lobby con las puertas abiertas pues clientes no había. Era un espacio amplio pero oscuro. Un bar à chicha, (bar de chachimbas), con los muros negros, rojos y luces de neón azules en el techo blanco. Adiviné un par de sillones aquí y allá pero nos sentamos en viejas sillas de madera alrededor de una mesa pequeña.

El Rey estaba justo al lado y lo escuché hablar con una mujer que resultó ser la esposa del asociado del PDG de Shopizor. Comencé a relajarme y empecé a hablar con Rayan y su socio, de nombre Saber, sobre cuestiones técnicas y los términos de una colaboración. Después de todo, tantas empresas innovadoras que comienzan en lugares insospechados gracias a jóvenes entusiastas ¿por qué no? pourquoi pas ? why not ?

En realidad yo les interesaba pues no necesitaban un empleado tanto como un freelance. Aunque yo deseaba dejar ese estatus para volver a ser empleada, tomaba misiones temporales. Firmamos un convenio con -casi- todas las de ley. Yo iría a La Vitarelle una vez por semana para hacer una reunión sobre mi misión y las necesidades del proyecto y el resto del tiempo, yo trabajaría a distancia. Debía pasar una semana de formación intensiva a su método de trabajo, en sus oficinas: el bar à chicha.

Trabajé con intensidad un par de semanas para ellos y resultaron ser clientes exigentes. Ir una vez por semana a ese bar de cachimbas lúgubre para reunirme con el PDG y su socio me pesaba. Rayan no fingía, él creía que realmente era el PDG de una empresa importante, que tenía empleados y un equipo de abogados que le redactaban sus contratos. Así actuaba todo el tiempo pero de repente era llamado por su realidad, cuando Saber le daba la escoba y el trapeador pues ese era el trabajo por el que en realidad le pagaba: era recepcionista y agente de mantenimiento del hotelucho de Saber.

Encontré serias incoherencias entre mi misión y la realidad. En el contrato que me dieron descubrí que Rayan era un nombre artístico y el joven se llama Deklan. Entre el hotel sin clientes, el bar à chicha y una dirección en París que resultó ser ficticia, las fotos extraídas de sitios chinos a las que le ponía el logotipo de su tienda…

Me valió una pelea épica con El Rey quien insistía en que eso era mejor que nada mientras conseguía trabajo estable. Pero decidí terminar mi colaboración con Shopizor y les mandé mi factura.

Nunca me pagaro. Después de numerosos correos y llamadas, de esperar que el “equipo jurídico” que Rayan aseguraba tener, respondiera mi solicitud, no fue por el dinero, tanto como por el orgullo, que agoté los recursos legales a mi alcance para obtener mi pago y sobre todo para que dejaran de estafar a otras personas. Sin embargo no pasó nada y Shopizor siguió operando desde La Vitarelle, estafando a otros freelance y a algunos clientes que se dejaron llevar por un sitio web bonito y ergonómico,  tal como el equipo de producción de TPMP.

Un par de semanas después del último reclamo de pago via un correo certificado, a mi auto le quebraron un vidrio justo afuera de mi casa, una calle cerrada en un pueblo tranquilo y en plena madrugada. De todos los vehículos del vecindario solo el mío fue degradado.

Al principio pensé en Shopizor pero en la Gendarmerie me aseguraron que habían sido unos pillos en búsqueda de una tarjeta de circulación de un vehículo como el mío pues en la misma noche, en el pueblo habían roto los cristales de 4 autos idénticos…  El Rey y yo lo tomamos como un signo del destino y ya no le moví más. Se lo dejé a Dios, al destino o a la vida que siempre le regresa a uno lo que da.

Vinieron otros tragos amargos pero atisbamos la luz al final del túnel cuando pequeños milagros fueron sucediendo: porque la noche se pone más oscura justo antes del amanecer.

Con el paso de los meses, olvidé Shopizor, Saber, Rayan, La Vitarelle y todo el pesar de esa época gris de nuestras vidas que recordé de golpe al verlo en televisión. L’habit ne fait pas le moine… No dura mucho, pero es posible…

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