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5 consejos para criar niños bilingües francés – español

5 consejos para criar niños bilingües francés – español

Vivo en un pueblo en donde no cruzo hispanohablantes así que desde hace varios años, aunque lo leo y le escribo diario, casi nunca hablo español. Sin embargo, Desde que supimos que seríamos padres, proyectamos la crianza de un bebé franco-mexicano – con todo lo que ello conlleva- y una de nuestras primeras prioridades fue el bilingüismo.

Durante años, hasta al perro y al gato les hablé en francés, no por pedantería sino por hábito pues hablar en uno u otro idioma es un reflejo. En vísperas del cambio que se avecinaba, hablarle en español al bebé que estaba en mi vientre fue también un intenso ejercicio personal. ¡Al fin tendría un ‘interlocutor’ en el mismo idioma, aquí y ahora!

Leí y me informé sobre los métodos para lograr el bilingüismo precoz simultáneo y los adapté a nuestra situación.

Un padre: un idioma. Y por supuesto: un gran privilegio.

Si bien mi marido habla español elemental durante las vacaciones en México, vivimos en Francia y en casa siempre hablamos francés (mea culpa: las malas palabras aquí las decimos en español).

El castellano en nuestra familia es entonces el idioma minoritario pero no por ello menos importante. Es la herramienta indispensable para que me hija se conecte con la mitad de la familia y acceda de manera natural a la mitad de su cultura y sus raíces, aunque estemos lejos.

Como la lengua materna se transmite, no se aprende, me armé de paciencia y persistí, a pesar de muchos momentos de duda sobre la utilidad de mis esfuerzos.

Lo logré. A sus 3 años y 7 meses, Inès – su nombre se dice igual en ambos idiomas- ya era bilingüe francés-español. Siempre respetamos su ritmo. En nuestro caso, ella empezó a caminar “tarde” pero habló pronto y al principio no mezcló los idiomas, como sucede con frecuencia. Hoy, a sus seis años y medio, por reflejo, a menudo me responde con la estructura gramatical del español y algunas palabras o adjetivos en francés, yo insisto y le repito en castellano la frase correcta también para ayudarle a ampliar su vocabulario. Cuando ella habla español tiene el acento francés muy marcado pero, cosa curiosa, en cada visita a México a los dos o tres días de estar allá, agarra el tono jalisquillo – que yo he perdido. Es una ternura escucharla hablar y suscita mi orgullo.

1.-Esfuerzo cotidiano y disciplina.

El primer consejo que puedo darles a aquellos que inician la aventura es ser disciplinados y no perder de vista el objetivo. El bilingüismo es el resultado de un esfuerzo cotidiano y es muy fácil caer en la tentación de hablar “frañol” o bien, en casa hablarle en español pero en la calle en francés. Es importante evitar la confusión; que el niño sepa que con mamá o papá siempre se habla en español aunque ellos hablen francés con el resto de la gente.

Para mí al principio, hubo muchos momentos incómodos en donde me sentí ridícula al hablarle en español al bebé (en la cita con el pediatra, en el restaurante o en el parque, por ejemplo). Hice abstracción de las miradas de la gente y poco a poco me acostumbré a comunicarme en mi idioma con mi hija esté en donde esté ¡y que el mundo ruede!

2.- La teconología ¡es tu aliada!

Tenemos la fortuna de vivir en una época en la que la tecnología nos da acceso a miles de recursos y herramientas así que echa mano de ello. Gracias a Internet, me reencontré con las canciones de mi infancia y las compartí con Inès. Desde Pin-pon a La patita de Cri-Cri, mi hija se las sabe todas cual niña mexicana que se respete. Por supuesto “nos vemos” con la familia de allá muy seguido y hablamos con ellos gracias a Skype y WhatsApp.

3.-La lectura… desde la cuna.

Me esfuerzo también en fomentar en mi hija el hábito de la lectura. Durante los primeros meses, compré libros para bebés para asociar imágenes y sonidos. Enseñarle vocabulario. Y muy pronto, con apenas meses de edad, brillaba en sociedad al hacerle como la vaca mexicana “muuuuu” o la francesa “meuhhhh” o el gallo mexicano “kikiriki” o el francés “cocorico”. Entendía español a la perfección y yo: orgullosa.

Desde sus dos años, todas las noches, en la cama justo antes de dormir, le leo cuentos ( uno, dos o más si mamá no anda tan cansada). No necesito libros en español, se los traduzco y/o adapto “a vuelo de pájaro” puesto que siendo bebé ella no leía, sólo escuchaba y veía las imágenes de los libro: era suficiente. Ya cursa su primer año de primaria y empieza a leer en francés. Decidí que una vez que domine la lectura del francés, que aprende en la escuela, la iniciaré a la lectura del español para evitarle confusiones.

4.-Paciencia y perseverancia

Sé paciente y persevera. Desde siempre supe que Inès entendía todo lo que yo decía. No obstante, conforme pasaba el tiempo, tuve enormes dudas sobre su capacidad para hablar español. Sus primeras palabras fueron en francés. Le preguntaba algo y ella me respondía en francés. Tardó mucho en decirme “gracias” en vez de “merci” y lo celebré como un gran triunfo igual que cuando me dijo “adiós ” y no “au-revoir”Siempre mantuve la comunicación, a pesar de sentirme exasperada o desilusionada.

Maman je veux de l’eau s’il te plaît“, entonces yo le decía ” ah, ¿ quieres agua hija ? ahorita te la doy“. Evité eso de “hacerme la que no entiende” para obligarla a hablarme en español. La meta es que el proceso sea natural, sin imposiciones que puedan causar conflictos o una aversión al idioma y por ende a la comunicación con el padre o madre que utiliza la lengua minoritaria.

Sin embargo fue hasta alrededor de sus tres años que empezó a hablar conmigo en español bajo cualquier circunstancia. Durante unas vacaciones en México – ella tenía 3 años y dos meses- al llegar al aeropuerto de Guadalajara y ver a sus abuelos mexicanos les abrió los brazos con enorme felicidad y empezó a hablarles en español como si nada.

Una servidora junto con mi comadre francesa que nos acompañó en esa ocasión, nos quedamos boquiabiertas al constatar cómo durante el trayecto la situación era una y el “bloqueo” de 3 años se esfumó en segundos: como si desde siempre hubiera hablado español. Tal vez al ser consciente que no tenía de otra y sobre todo, que hay mucha gente (y no sólo mamá) que habla así. Regresamos a Francia pero ahora ella y yo nos comunicamos al 100% en español. Por supuesto su vida aquí es al 100% en francés pero ahora veo que se siente cómoda ya sea que estemos solas en casa o en el cumpleaños de una amiguita de la escuela.

La cuestión del “acento” es otra pues yo misma he perdido mi acento jalisquillo y hablo “raro”, según me dicen “los de allá“. No es una actitud de “gabacha europea” porque el idioma no se me olvida pero aquí lo hablo sólo con mi hija y sé que he perdido una cierta habilidad.

Mi hija empezó a hablar y me daba mucha risa cuando decía ‘perro’ con su tremendo acento francés (sí, suena a “péggo”). Ha mejorado pero lo que de verdad me importa es que su español sea fluido, que sea capaz de sostener una conversación sin problemas. Yo lo vivo a diario: tengo mi acento mexicano en francés y eso no me impide comunicarme ni desarrollarme tanto en lo personal como en lo profesional.

5.- Siéntete orgullos@.

Tenemos el privilegio de criar hijos bilingües y biculturales. Tal vez sea la nostalgia la que me he vuelto más patriota y desde que vivo en el extranjero aprendí a valorar aún más la riqueza de nuestro país, sus tradiciones y su gente. Trato de transmitirle como puedo las tradiciones que más me gustan y como buenas – y únicas mexicanas- del pueblo disfrutamos poner nuestro altar de muertos así como celebrar la Toussaint a la francesa, tortear para comer tacos o hacer croque-monsieur; quebrar piñatas durante el festejo de su cumpleaños mientras los adultos bebemos champagne

No te sientas sol@ que familias y padres y/o madres como tú hay much@s. Es un camino laborioso pero estará lleno de satisfacciones. ¡Ánimo!

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