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Lo que nunca será… sí fue…

Tengo el nítido recuerdo del soleado medio día con gran afluencia en un puesto improvisado a la salida de mi prepa donde dos hippies vendían brazaletes, collares hechos a mano y piedras para todos los signos astrológicos. En el piso, una mano dibujada sobre un cartón con grueso marcador negro y el título: “Quiromancia 20 pesos”.

Me convencieron los enardecidos testimonios de mis conocidos quienes se habían sometido a la lectura de la mano y junto con mis amigas me formé para una consulta. Teníamos 16 ó 17 años y tiempo libre para soñar pues en esa época el campo de nuestras posibilidades era inmenso.

En un par de minutos, el joven adivino enlazó tantas predicciones como su lengua se lo permitió y de tantos vaticinios sólo retuve aquellos que enunció con semblante formal y que más tarde cobrarían sentido: “te vas a casar y vas a tener tres hijos. Vas a hacer dos viajes lejanos. Una persona cuyo nombre empieza con la letra A será muy importante en tu vida”.

A esa edad no anhelaba casarme tanto como estar enamorada de alguien y la cuestión de los hijos me hizo sonreír. Los pesos que pagué valieron la pena por la plática que tuvimos entre amigas sobre nuestro hipotético futuro anunciado por el gentil charlatán que había echado más o menos el mismo discurso a cada una de nosotras. Me incomodó haber escuchado el vaticinio de sólo dos viajes lejanos porque a esa edad lo que más deseaba era viajar, cerca y lejos, siempre más lejos.

A los 16 años estaba segura de que no tendría hijos pues duelen y obstaculizan el desarrollo profesional de una mujer. Yo tenía grandes ambiciones y una – casi legendaria- aversión hacia los niños.

El anhelo de maternidad me llegó mucho después y por supuesto, la experiencia modificó por completo los paradigmas de mi adolescencia.

La aprehensión de los dos viajes lejanos la disipé con felicidad a partir del tercero y hace poco más de seis años, cuando el Rey me propuso matrimonio, evoqué el recuerdo de aquel medio día de preparatoria cuando el afable hippie me leyó las líneas de la mano y me auguró casamiento y una persona importante en mi vida cuyo nombre empezaría con la letra A… de Arnaud: el hombre que quería casarse conmigo, con quien me casé dos veces – aquí y allá- y con el que las cosas no han sido siempre fáciles pero sí han sido auténticas. Es también el padre de mi hija.

Tuve a Inès y necesité tiempo para asimilar y disfrutar de la experiencia. Hoy quisiera tener no tres hijos; al menos dos.

Pero ¿ y si el hippie al final de cuentas no acertó ?

Rememoré aquella escena mientras me encontraba en el pasillo mal iluminado de una clínica y hablaba con la doctora que sostenía los resultados de mis análisis y me dijo: “Señora, la buena noticia es que no es otra cosa más que un aborto.

Y claro, esas palabras resonaron durante días en mi cabeza, sobre todo en la noche mientras intentaba dormirme y rememoraba las imágenes de cuando palpé, con incredulidad y aflicción, lo que debía haberse convertido en mi bebé y se fue a la basura en un pañuelo desechable.

La noche en el hospital, la angustia de la espera, las agujas, las revisiones… Vuelvo a sentir la inmensa decepción que estuvo a la altura de las grandes esperanzas que puse – pusimos- en ese proyecto que llevaba tantos meses en mi corazón – nuestros corazones – y apenas 7 semanas en mi vientre.

Me da la impresión que hoy más que nunca veo mujeres embarazadas y recién nacidos por doquier.

Sí, técnicamente fue una buena noticia pues el cuerpo médico sospechaba de cosas más graves y como de los males el menor, la interrupción del embarazo fue lo mejor que le pudo haber pasado a mi cuerpo.

Salí del hospital de la mano de mi marido, con la información médica, el tratamiento a seguir, la próxima cita y los detalles de las formalidades administrativas. Con el corazón en mil pedazos y aturdida como nunca.

¿ Y si el hippie se equivocó con aquello de los tres hijos ?

A decir verdad nunca creí en los vaticinios que resultaron coincidencias, de esas que la vida ofrece como guiño cómplice pero necesito aferrarme a la creencia de que venrán más hijos porque está escrito en mi mano y lo sé desde la adolescencia. Quiero creer que alguna otra vez volveré a estar encinta y daré a luz a otro bebé sano y fuerte y tal vez repita el mismo proceso tiempo después. Soy de esas personas que necesitan mucho tiempo para digerir los acontecimientos y sé que el proyecto queda suspendido hasta no sé cuando.

Hay mucho dolor por la pérdida de esa ilusión que era parte sustancial de mi proyecto de vida. La cantidad de semanas de gestación no es proporcional a la cantidad del dolor por la interrupción brutal y espontánea del embarazo.

Si bien en Francia uno de cada cinco embarazos termina así y se estima a 200 000 el número de abortos espontáneos por año, es una pérdida y es subestimada porque se trata de una banalidad médica.

Tuve la suerte de ser consolada por los míos y estar rodeada por la gente que me quiere. No necesitaron decirme tantas palabras y aunque algunos están en México sé que estuvieron conmigo y eso fue lo importante.

A la vez trato de convencerme con frases de consuelo tan típicas -y torpes- como “lo bueno que fue al principio, no importa, hay que volver a intentarlo, estás joven, ya tendrás otro, es mejor así, la naturaleza es sabia, eso pasa muy seguido…

Y entre más las pienso más padezco el dolor y la culpabilidad pues hasta me da la impresión de que es incorrecto sentirse tan mal como me siento. Que debo minimizar mi dolor pues no hubo niño y no cuenta, mi cuerpo expulsó ese montón de células inviables que ‘fabriqué’ de manera errónea; que un mes y medio no es demasiado tiempo como para que fuera una experiencia significativa y hay que ser exagerado para sentirlo tanto.

Si hubiera descansado más, si hubiera tomado más vitaminas… si hubiera. Yo con mi impecable higiene de vida, yo que procuro una alimentación orgánica, yo sin drogas ni tabaco ni alcohol… ¿ por qué yo ?

Aquello que nunca será, sí fue porque marcó mi corazón. Lo esperábamos con mucho amor – como lo hicimos con Inès, el milagro tangible que por fortuna existe en mi vida.

La noticia de la venida de otro bebé – porque para mí ya era un bebé y no una masa de células– nos produjo mucha felicidad en tan poco tiempo y siento gratitud por esos momentos que nunca olvidaré. La vida nos da las experiencias que se convertirán en la lección que necesitamos para crecer y seguir.

Queríamos anunciarle a Inès la noticia después del primer ultrasonido oficial que debería llevarse a cabo por estas fechas, no obstante, por inadvertencia escuchó que mamá tenía un bebé en el vientre cuando yo estaba en el hospital y tuvimos que explicarle todo. Se puso feliz de ser, al fin, una hermana grande, satisfecha de haber sido escuchada por Santa Claus a quien le había enviado la petición desde hace dos navidades. Tratamos de mesurar su entusiasmo porque no estábamos seguros del desenlace de la aventura.

1Durante la Semana Santa y Pascua, ella fue a “cursos vacacionales” mientras nosotros trabajamos. Una de las actividades de la semana fue el germinado de lentejas en una cáscara de huevo donde dibujaron una cara y el ejemplo cayó del cielo pues con esa herramienta le explicamos los hechos : hay algunas semillitas que germinan y otras que no. Y hubo lágrimas sinceras.

Tengo una relación muy estrecha con ella y como todas las madres, hago cosas que otra gente no entiende, como quedarme en su cama todas las noches después del cuento hasta que se duerme porque me toma la mano, me mira a los ojos y me pide quedarme para no tener pesadillas con el rompecabezas muscular que hay en su escuela.

Y yo cedo porque entendí que estas molestias son sólo temporales y un día pedirá que me vaya. La dejo decidir y a pesar de las veces que parece eterno, en realidad son etapas tan cortas… como las tremendas desveladas de los primeros meses que sólo duraron eso: unos cuantos meses.

No se lo he confesado pero hoy más que nunca su olor a niña feliz y sus manitas suaves que acaricio mientras se queda dormida, ahuyentan mis pesadillas. Soy consciente – ahora más que nunca- de la bendición y suerte de ser madre de esa personita maravillosa que prodiga tanto amor y bienestar por el sólo hecho de ser.

¿ Y si no son tres ? ¿ Si no son dos? ¿ si sólo es una? Pues será mejor que ninguna.

La angustia y la ansiedad no se han ido pero aún así tengo fe en que las cosas son como deben ser y uno nunca recibe más de lo que puede soportar. Confío en la vida.

Hoy más que nunca quiero confiar en ella.

6 comentarios en “Lo que nunca será… sí fue…”

  1. Profundas y muy hermosas reflexiones Ale.
    Hay hechos de la vida para los que nosotros los seres humanos no tenemos explicación posible. Esos hechos sólo La Sabiduría Infinita… La Mente Universal… Dios, sabe por qué ocurren.
    De lo que sí podemos estar seguros es de que con todo y que nuestro ego no los acepte, es lo mejor que puede ocurrirnos.
    Dios mismo creó la ley de la compensación… Tarde o temprano la comprobarás.
    Besillos hija mía y compártelos con mi bella nietecita; la gran Cucay.

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