Vivir en Francia

Visita Viena – Parte 4 – Pasteles, palacios, cervezas y carnes.

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Comprar el periódico en Austria…

Era lunes por la mañana y la vida, como en todos lados, retomaba su curso normal. Al lado de la Beethovenplatz nos llamó la atención un distribuidor de periódicos: el precio, la ranura para el déposito del pago y los ejemplares en una bolsa de plástico listos para tomarse. En Francia las cosas no pueden ser así y en México…

 

Camino hacia el centro, decidimos desayunar en el primer lugar que encontráramos abierto y en Johannesgasse 16 dimos con el Café Hegelhof.

Después del choque prodigado por la nube de humo de cigarro que se percibe al abrir la puerta – igual que en todos los restaurantes vieneses- distinguimos el  encanto de un lugar sencillo que se quedó como suspendido en el tiempo. Es un sitio íntimo, con muebles de madera, cortinas de terciopelo tinto, espejos en los muros, candiles de cristal, ventilador en el techo, flores de plástico… una decoración que inspiró nuestra plática sobre hipotéticas conspiraciones que pudieron llevarse a cabo durante la guerra en un lugar como ese.

Nos recibió un joven mesero de cabello castaño, cordial – muy por encima de la media vienesa- ataviado con pantalón negro, camisa blanca y corbata de moño negra: muy ad hoc con el ambiente de los años treinta. Varias mesas estaban ocupadas con clientes que bebían café, leían el periódico en solitario o desayunaban mientras fumaban un cigarrillo tras otro. Caímos en la cuenta que éramos los únicos turistas en el lugar y eso nos gustó aún más.

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Desayuno vienés

Por menos de 10 euros uno obtiene un brunch típico y muy completo. Como el Rey trabaja en el rubro de la industria alimentaria, estamos acostumbrados a sospechar de la calidad de la comida en los restaurantes europeos, sin embargo, nuestras dudas se disiparon en el café Hegelhof que sirve productos locales y orgánicos. Además hay WiFi gratis.

 

Al mesero simpático le tuvimos que ayudar a poner la mesa, pedir las servilletas, los cubiertos, el jugo… A pesar de esos detalles, dicho café es un lugar que recomiendo y al que sin duda volvería si algún día regreso a esa ciudad.

Pedimos nuestro Uber que por 10 euros nos llevaría a nuestro destino del día: el majestuoso Palacio de Schönbrunn, el más popular de Austria. Me sentía contenta en medio de aquella ciudad hermosa, con su arquitectura imperial, sus colores sobrios y orden perfecto. Unos copos de nieve comenzaron a caer: plena primavera austriaca.

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Palacio de Schönbrunn

Cuando llegamos a la antigua residencia de verano de los Habsburgo, la incipiente nevada se convirtió en lluvia. Schönbrunn es un palacio majestuoso, aunque comparado a Versalles, me pareció un poco más sobrio en su arquitectura exterior.

 

Hay que ser paciente para afrontar con buen humor las filas de entrada. Los boletos se pueden comprar por Internet pero nosotros no lo hicimos y tuvimos que esperar hora y media pues hay tandas de entradas cada treinta minutos. En realidad no nos molestó ya que nos dio tiempo de tomar fotos y visitar la boutique de souvenirs… aunque a decir verdad, debe ser más agradable cuando hace menos frío.

Hay varias fórmulas de acceso: desde la visita “Imperial que es la más corta hasta el Gold pass cuya visita incluye el palacio, los jardines, el zoológico, etcétera. También venden el Sissi ticket para los fanáticos de Sissi la emperatriz.

20160425_132538Evadimos la visita de los jardines por el frío y optamos por la opción intermedia. El Grand Tour incluye la visita completa del castillo y los apartamentos de la pareja imperial de Francisco José e Isabel de Baviera y salas del siglo XVIII de la época de María Teresa. Recorrer las 40 habitaciones lleva alrededor de una hora y la entrada incluye el audio-guía disponible en 21 idiomas. La visita es instructiva y muy agradable.

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Aïda… pasteles bonitos, baratos pero malos.

Terminado el tour decidimos regresar al centro – en Uber- y pasear con tranquilidad por sus calles. Al llegar a la Stephanplatz nos refugiamos del frío y la lluvia en el Aida Café para al fin probar alguna de las delicias que proponen en vitrina y ¡ gran decepción ! si bien el café es bueno y los precios módicos, los pastelillos sólo son bonitos y su calidad es industrial y mediocre. El veredicto del Rey, con su experiencia en el rubro, fue inapelable : mercancía de “entrée de gamme, surgelée (calidad básica, producto congelado). Claro, la calidad tiene precio y eso lo constatamos más tarde cuando probamos la original Sachertorte – el postre vienés ineludible- en el Hotel Sacher.

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La catedral de San Esteban en Viena (Domkirche St Stephan)

Terminada la colación vespertina seguimos nuestra caminata por el centro en donde yo, al ver una avenida peatonal llena de tiendas, no pude resistir y me metí a una boutique, a dos, a tres… El Osito Charmín se fue por su lado pues él no soporta mis sesiones de compras que en realidad son de contemplación pues siempre es más lo que veo y me pruebo que lo que compro.

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Bar 1516 en Viena

A la hora del aperitivo nos reencontramos en el Bar 1516 the brewing company, con excelente ambiente, una decoración americana y muy buena cerveza. Tienen servicio de restaurante y un segundo piso “prohibido fumar” pero nos quedamos abajo al dudar largo rato en cenar ahí pues el Rey quería cenar carne.

El Osito Charmín se desespera con mis técnicas de elección que justifico con las estrellas y comentarios recientes en TripAdvisor y sitios similares. Es una costumbre de “deformación” profesional y si tengo red no lo puedo evitar. En Austria, a diferencia de Francia, el servicio de 3G/4G es en extremo eficaz al menos en Viena y sus inmediaciones y dado que mi plan de telefonía incluye Internet en el continente europeo, buscamos “el mejor” restaurante disponible a pie para comer un buen corte de carne. Dubitativos, concertamos cenar en un lugar calificado con 4 estrellas a 2 minutos a pie del 1516 que dejamos con un excelente ambiente pues si bien constatamos que por lo general los austriacos son reservados y poco amigables, en los bares se ve todo lo contrario: gente relajada y contenta.

Había algo de gente en el restaurante “Steak Point City” pero fuimos sentados de inmediato por el anfitrión del lugar que entendió nuestro inglés aproximativo. Hasta ahí todo iba bien. Luego vimos la carta y sus precios – muy altos- y quisimos huir pero… vaya, eran nuestras vacaciones y además ya estábamos sentados.

2016-04-25 20.38.17La comida es muy buena, tienen vino francés ( y mi marido chovinista no pudo resistir a la tentación de pedir un Côtes du Rhône). La carne estaba cocida a la perfección: esa perfección técnica austriaca tan admirable. Sin embargo lejos están de un modelo de buen servicio al cliente y me dio la impresión de que muchos vieneses están hartos de los turistas, sobre todo de aquellos que no hablan alemán.

El mesero de esa noche, un güerito flaco y rasgos finos, parado junto a la mesa, nos escuchaba debatir en español y francés para traducir al inglés nuestro pedido del que no estábamos seguros por nuestro limitado vocabulario en carne vacuna. Miraba hacia todos lados y con su lápiz golpeaba sin cesar su cuaderno de comandas. Al fin logramos pedir los platillos y el vino pero no sabíamos cómo pedir una jarra de agua natural.

En Francia, los restaurantes venden agua natural o mineral embotellada pero también sirven agua de la llave en jarra – que acá es apta para consumo humano y nunca se cobra-. Se pide como une carafe d’eau. Deliberamos sobre pedir agua mineral o natural o mejor en jarra. No supimos cómo traducirlo al inglés y buscábamos las palabras pues ni siquiera sabíamos si el mismo principio se aplica en Austria o no. En pleno debate el güerito miraba al techo apretando los labios y golpeando su cuaderno con el lápiz hasta que intervino con un firme “Water, yes or no, no or yes ?. Ante su pregunta tan contundente finalizamos de inmediato el debate con un ándale pues que se tradujo en un yes” unánime. Minutos después el muchachito trajo una botella de agua natural.

En resumen: el personal fue desagradable, cenamos muy bien pero el presupuesto fue considerable (comparado con otros sitios similares en Viena ya que no se trata de un restaurante gastronómico).

Por supuesto que el incidente con el meserito no nos impidió culminar el día de manera positiva. Y brindamos por nosotros, por los que estaban en México y en Francia y por el día lindo que pasamos juntos

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