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Visita Viena – Parte 2 – La llegada

La cuestión del alojamiento la resolví 3 meses antes de nuestra llegada y fue algo complejo pues mis criterios de selección fueron “las tres B” y la cercanía al centro de la ciudad. Estuve en Viena hace unos diez años, en brevísima escala en el marco de un memorable ‘road trip en el que también participó mi hermana la BeibiMaiGad pero mis memorias son vagas…

En aquella ocasión llegamos a dormir a un hostal y al día siguiente comimos un sándwich en la plaza del Ayuntamiento de Viena,  (Wiener Rathaus) para seguir nuestro camino hacia Salzburgo.

A la hora de organizar un viaje, Internet es una herramienta indispensable pero también un arma de doble filo: tanta información, ahoga la información. Ubiqué en un mapa los barrios que me parecieron bien y busqué hoteles pero me sorprendieron los altos precios pues Viena es una ciudad tan cara como París.

Para ser sincera, cuando viajo con mi hija busco comodidad sin fijarme tanto en el precio. Pero a sabiendas que íbamos los tres y necesitábamos algo básico para algunas horas por noche, me orienté hacia otras soluciones más económicas.

Descarté ipso facto los hostales porque siento que ya pasé la edad mochilera. En realidad no me molesta la idea pero sé que el Osito Charmín necesita más comodidad e intimidad. También conozco a mi marido y sabía que al evocar la probabilidad de compartir habitación con desconocidos al Rey le hubiera dado el patatús antes de decirme: “van sin mí”.

Me evité la pena y ahora que la economía colaborativa está tan de moda, vi alojamientos disponibles en airbnb, el famoso sitio de reserva de casas particulares. Escogí un departamento y el arrendador respondió con celeridad a todas mis preguntas. Con cierta aprensión reservé, cruzando los dedos para que el anfitrión no nos dejara colgados el día de nuestra llegada, que el lugar estuviera conforme a las fotos, que el barrio fuera seguro…

Del aeropuerto de Viena-Schwechat tomamos un “Uber” (servicio de transporte entre particulares); el Osito Charmín ya había utilizado la aplicación en París – por evitar el transporte público justo después de haber sido ‘bolseado” en el métropolitain de la antigua Lutecia.

Yo, al vivir en un pueblo pequeño en el que me muevo a pie o en mi auto no había tenido necesidad de utilizar ‘la apli’ y la verdad es que el sistema ¡ es una maravilla! Servicio puntual, conductores cordiales y sobre todo, la ventaja de saber con antelación el costo del servicio. Uno no necesita efectivo, el cargo se hace a la tarjeta de crédito cuando el trayecto se concluye y después uno puede calificar al conductor.

El chofer de esa noche era un turco simpático que hablaba turkish o alemán así que no pudimos charlar, sólo entendimos que nos dijo “ahí está el Danubio”.

25 minutos después llegamos a la calle Reisnerstraβe en el distrito de Landstraβe, muy cerca de la Universidad de Música y Arte Dramático de Viena y conocimos a nuestro anfitrión, un amable austriaco de veintitantos años que nos esperaba para darnos las llaves del departamento IMPECABLE. Lo resalto porque el segundo apodo de mi marido es Maestro Limpio y éste quedó asombrado ante la perfección del aseo del lugar que estaba tan lindo como en las fotos. Después nos percatamos que eso de la perfección técnica es denominativo común entre los austriacos.

Mi papá llegó cansado pero el Rey y yo, al sentirnos al fin de vacaciones, fuimos invadidos de nuevos bríos y partimos de inmediato a descubrir la vida nocturna vienesa. Teníamos mucho tiempo sin salir de juerga los dos, solos…

El tiempo estaba frío y me sentí aliviada de traer, a pesar de las dudas, mi abrigo de invierno. Había visto el pronóstico del clima para esa semana y había 3-4 grados menos que en Sérignan (donde la media andaba ya en 20°C) pero no contaba con que hacía viento… un viento gélido y me arrepentí de no haber cargado con bufanda, gorro y guantes.

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Caminamos con algo de miedo en el Stadpark, un parque bien iluminado mas nuestros prejuicios se esfumaron al constatar la seguridad que emanaba del lugar pese a que fuera casi media noche: algo que ya no se puede hacer en muchas partes de Francia.

Reparamos en que la gente no atraviesa la calle si el semáforo peatón está en rojo, aunque no vengan automóviles y muchos, miran inquisitivos a quienes -como nosotros al llegar- infringen la regla.

Elegimos al azar un bar, con tintes de taberna, el “Zum Bettelstudent y nuestra primera gran sorpresa fue descubrir que en Austria ¡ todavía se puede fumar dentro de restaurantes y bares ! En Francia, fumar en lugares públicos está prohibido desde el 2008 y me pareció curioso que en Austria, donde imperan orden y disciplina, aún no legislen sobre ello.

Superado el choque del olor a cigarro, nos acomodamos en la barra y entre nuestro ‘inglish’ y el alto volumen de la música optamos por hacer nuestro pedido a señas.

El lugar estaba lleno y los barman no paraban de distribuir vasos de cerveza. Pagamos nuestro consumo aunque nos quedamos perplejos al no recibir nuestro cambio sin embargo no nos importó pues estábamos entusiasmados con el excelente ambiente del lugar lleno de “chavo-rucos” como nosotros y con que éramos los únicos turistas del lugar. A mí me encanta descubrir ese tipo de lugares.

Música noventera en inglés, luego en alemán y hasta en español con el repertorio latino clásico que se escucha en Europa e incluye la Macarena, la María de Ricky Martin y Suavemente de Elvis Crespo. Estábamos cautivados al ver tanto güer@s alt@s divertid@s bailando y bebiendo como si no hubiera mañana ( y algunos también parecían divertidos al ver a la pareja de chaparritos de pelo oscuro que no paraba de tomar fotos del lugar).

Detrás de nosotros, un miembro del grupo de austriacos cuarentones que estaban en plena despedida de soltero, nos regaló una botella de muestra de un licor que me recordó la chartreuse, fabricada en la región de Isère a partir de hierbas maceradas, muy dulce y que en lo personal no me gusta pues me sabe a medicina.

A eso de las tres de la mañana nos marchamos llenos de cerveza austriaca, risueños y muy dichosos de nuestra primera noche en Viena. Al salir fuimos golpeados por el frío polar de la madrugada y caminamos tan rápido como pudimos para llegar al departamento.

No sabíamos aún que padeceríamos ese frío glacial durante toda la estancia.

Continuará…

>> Visita Viena – Parte 1 aquí

4 comentarios en “Visita Viena – Parte 2 – La llegada”

  1. Hola Ale… Ansioso por leer la parte que sigue…
    Les imagino en su primer noche – parranda de Viena… y Papá – Cansado y esperando a sus hijos… bueno, él se lo perdió… (En su lugar – me habría ido por rumbo contrario al de ustedes…)

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    1. Gracias Adolfo 😃 ya estoy en la próxima entrega, me da gusto cuando sé que me leen 😆 y pues que conste que no le hicimos el fuchi si sí lo invitamos pero andaba cansado jijijiji Saludos !

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