ESPAñOL, Libros, México desde el extranjero, Vivir en Francia

El libro de la abuelita

Del último viaje a México regresé -para variar- con 15 kilos de libros que considero como tesoros pues son ejemplares que vienen desde de la biblioteca de mi padre y huelen a ella.

La mayoría son “donaciones” que le exigí al Osito Charmín y él, generoso como es, accedió a mis peticiones. Traje el volumen 4 de la serie “6 siglos de historia gráfica de México 1325 – 1976”, un libro que marcó mi niñez y ocupó muchas de mis tardes allá en Zapotlán. El ejemplar de “Cien años de soledad” que leí emocionada en mi adolescencia y que estaba en tan mal estado que mi papá reencuadernó a mano. También los “Apuntes de Arreola en Zapotlán”, la más reciente obra del doctor Vicente Preciado Zacarías, quien tuvo a bien obsequiármelo.

Libros de Virginia Arreola Zúñiga
Libros de Virginia Arreola Zúñiga

Asimismo “Opalescencias”, el más reciente libro de doña Virginia Arreola Zúñiga, quien para mí, antes de ser la hermana del afamado escritor Juan José Arreola, es “la abuelita Virginia“, un lazo no de sangre pero sí emocional pues bondadosa como es, me adoptó desde hace mucho tiempo, igual que a mis hermanas, como una nietecita más. Me siento muy orgullosa de eso. Es una mujer maravillosa y por ella siento un sincero afecto y profundo respeto.

Tuve el gusto de leer su poemario “Abalorios” presentado en el 2007, semanas antes de mi partida a Francia. El Osito Charmín no estuvo a cargo de la edición pero escribió el prólogo, revisó los textos e incluso enmendó con paciencia de orfebre 4 errores de imprenta al corregir uno por uno los 500 ejemplares de la edición, borrando la letra errónea y sobreponiendo la buena. El libro vino conmigo junto con la foto que nos tomamos aquel día durante la presentación del libro en la “Casa del Arte” en Ciudad Guzmán. Tiempo después recibí por correo “Del color del ámbar” también de su autoría y lo disfruté mucho.

Lo que más me gusta de leer es sentir. Sentirme contemporánea del autor e implicar el corazón en la obra que leo sea para reír o llorar. Sin embargo pocos son los buenos libros que prodigan ese efecto y “Opalescencias” de doña Virginia Arreola Zúñiga es uno de ellos.

“Las minas de ópalos entregan sus luces atrapadas por siglos en sus entrañas… después de ser talladas y pulidas manualmente, nos obsequiarán la belleza de sus colores”… “De igual forma la memoria aprisiona los recuerdos impactantes… descubrimos luces y colores de otros tiempos, que nos hacen vibrar, suspirar de nostalgia o deslizar cristales convertidos en gruesas gotas del llanto, guardado en lo más profundo de nuestro espíritu”

Esta obra es una muestra de liberación a través de la literatura y no pude sino sentirme en sintonía con doña Virginia, la talentosa escritora y devoré la fabulosa lectura entre sonrisas y lágrimas y terminé sintiendo aún más respeto y admiración por ella, mujer sincera, bondadosa e inteligente que se libra a través de sus letras de una manera transparente y humilde.

“… Llegué a este mundo en una familia en donde lo que menos falta hacía eran niños porque ya había muchos en casa, fui la decimosegunda. No fue un buen augurio, por lo tanto, que la ropa y los pañales heredados de mis hermanos fueran robados en su totalidad por una lavandera trabajadora de la casa que sustrajo la maleta que contenía estas prendas para llevárselas a una hermana de ella que las iba a necesitar…”

Al leerla sentí como si la escuchara, con esa manera de expresarse tan suya, siempre afable, elegante y sensata. Sentí muchas ganas de abrazarla y conversar con ella. Este libro permite acercarse a un Zapotlán que no conocí y que ya no existe pero que se puede descubrir gracias a las letras de Doña Virginia.

“De poblaciones y rancherías venía a Zapotlán mucha gente con mercancías diversas para venderlas el jueves, por lo que se le llamaba “día de plaza” en Zapotán…”

“La ‘plaza’ del jueves era una acuarela viva y multicolor, como la lluvia de colores de los castillos que se quemaban en octubre. En el tiempo de aguas maduraban los frutos más deliciosos y perfumados: duraznos de El Rodeo, de los Mazos, de Piedra Ancha…”

Estos textos facultan al lector a acercarse a una de las familias más destacadas de la ciudad.

“Quiero narrar aquí la verdadera y real historia de los afamados y carísimos cuernitos de las Arreola, tan apetecidos por personas de fuera de nuestro pueblo, pues aquí siempre se dijo: ‘Los pastelitos de las Arreola pueden estar buenos, pero son muy caros…” 

“Opalescencias” es una obra escrita con tal franqueza, claridad y elegancia que estremeció mi alma. Con el tono sencillo de una conversación íntima, es también un anecdotario ameno que no oculta etapas difíciles de su vida.

“Fui una niña feliz, pero al paso del tiempo me convertí en una adolescente triste, insegura, asustada; nada preparada para cambios o sucesos trascendentales en la vida de toda persona. Una tarde descubrí el desamparo y el miedo, palpé la incomprensión que me rodeaba como ser humano, me sentí insignificante dentro de una familia numerosa”.

Gracias abuelita Virginia por esta obra hermosa, sencilla y sincera. Es usted uno de mis mejores ejemplos.

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