Vivir en Francia

Experiencia de un viaje largo en avión con bebé

*Artículo escrito originalmente en francés para Nestlé Bébé France. Versión en español corregida y aumentada.
Bebé en el aeropuerto de Amsterdam
Bebé en el aeropuerto de Amsterdam

La primera vez que atravesamos el Atlántico en avión con Inès, ella tenía 9 meses. Al irnos, estaba enferma (resfriado, temperatura, tos, flemas… nada mejor para acrecentar el miedo del primer viaje intercontinental con bebé).

Por fortuna, el encuentro con la familia y amigos fue estupendo y esas primeras vacaciones que pasamos en México los 3 juntos, fueron memorables.

Tuvimos un regreso muy agitado, sobre todo en el vuelo Mexico – Madrid en el que mi hija, el único bebé en el avión ese día – casi no durmió y gimió y lloró durante casi todo el trayecto (+/- 11 horas). Por supuesto nos dio pena con los otros pasajeros, sobre todo aquellos de primera clase separados de nuestros asientos clase turista por una cortina, ¡vaya suerte la de ellos!

Esa primera experiencia nos dio confianza por lo que decidimos repetir la aventura. Inès tendría 17 meses al momento de viajar y a esa edad las cosas son más sencillas (bueno, eso creía yo…) Ya camina, necesita menos equipaje, come casi de todo, es un relojito para dormir y nos conocemos muy bien.

Habíamos soñado con esas vacaciones durante muchos meses: el sol de México, buenos tacos y momentos inolvidables con nuestra familia y amigos de allá durante 3 semanas…

Súbito pánico para mí, gran tristeza para él cuando mi marido se vio obligado a cancelar su boleto por razones profesionales, unas semanas antes de partir. Me costó mucho trabajo concebir que viajaría sola con mi hija. Aunque estoy acostumbrada al trayecto casa Francia – casa México, nunca pensé que la idea de viajar durante muchas horas sola con mi bebé me provocaría tanta ansiedad.

Sabía que tendría algunas horas difíciles pero al llegar no habría problema pues mi familia nos esperaba. Igual al regreso a Francia. Respiré profundo… al fin de cuentas, sería sólo un trayecto ¡como hay miles cada día !

Me tranquilizaba saber que los bebés y sus acompañantes son siempre prioritarios y que en los aeropuertos todo está hecho para facilitarnos las cosas.

Yo llevé mi carriola hasta la puerta del avión, la recogí al salir de cabina y siempre hubo personal del aeropuerto listo para ayudarme a desdoblar el cochecito. Un bebé en brazos de su mamá siempre enternece a más de algún alma caritativa.

Desde el principio proyecté llevar canguro y por comodidad cargar al bebé en la espalda pero eso es casi imposible sin ayuda. Entonces preparé todo para ser auto-suficiente aunque durante el trayecto tuve la agradable sorpresa de ser ayudada por mucha gente.

En lo personal, descarté un fular o un rebozo porque para mí es muy complicado. Entonces escogí uno estilo hamaca ergonómico y fue así como pude cargar a mi hija de lado, como si la trajera en los brazos. Fue muy práctico sobre todo al subir y bajar las escaleras del avión o al pasearse en los pasillos estrechos de la aeronave durante el vuelo. Inès se adaptó muy bien y a mí no me dolió la espalda.

¿Cuál vuelo y cuáles opciones ?

El vuelo Toulouse -Amsterdam duró alrededor de 2 horas y media y no tuve problema alguno. Le di el biberón al despegue. La miss durmió durante todo el trayecto, se despertó de muy buen humor justo antes de aterrizar, comió galletas, tomó agua y yo empecé a relajarme.

Después de todo ¡ no era tan complicado !

En aquella ocasión viajé con KLM y ellos estipulan en su sitio web que sus cunas son para bebés de máximo 10 kilos y 65 cms. No me atreví a reservar una pues Inès pasaba un poco los 10 kilos y medía casi 80 cms. Gran error.

Al regreso sin problema, reservé la cuna y aunque los pequeños pies de Inès salían de la cesta ella durmió y yo pude comer e incluso ausentarme un minuto para ir al baño sin problema.

Porque para ser sincera, una de las peores partes del viaje cuando una va sola, es precisamente ir al baño. O le confías el bebé a una azafata o un otro pasajero o le haces al acróbata con el bebé en el canguro…

En la ida, sin cuna reservada, pedí asiento frente a un muro pues tienen un poco más de espacio para poner las mil y una cosas que un bebé necesita, además en esa zona había otros padres que como yo viajaban con sus hijos pequeños. Eso fue estupendo porque conocimos gente muy agradable, mi hija pudo jugar con los otros bebés y claro, ese tipo de pasajero, por definición es mucho más tolerante en caso de gritos o lloriqueos.

Hablando de eso,creo que en general los demás pasajeros manifiestan tolerancia frente a bebés que lloran. La gente entiende que en caso de crisis los padres hacen todo lo posible por calmar al niño.

Yo pasé un amargo momento con mi hija justo antes del despegue del Amsterdam – México. Cuando al fin estaba sentada, con la niña amarrada a mí vía su propio cinturón especial para bebé, los últimos pasajeros sentándose y el avión a punto de moverse…. Inès quería caminar y como ya no era posible, desató una crisis de furia de antología.

Entre más me angustiaba y más me daba vergüenza, Inès se enojaba más, lloraba aún más y gritaba fuerte, MÁS FUERTE. Ella estaba rígida, roja y empezaba a toser tanto que sentí la amenaza inminente de vómito. Fueron minutos que me parecieron una eternidad y no sabía qué hacer.

Por fortuna una azafata muy agradable vino a mi rescate. Me ayudo a bajar rápido la bolsa en la que había un biberón con agua, ella habló con Inès y conmigo, diciéndome que todo iba a estar bien, que tenía que calmarme yo para que la bebé también se calmara, que no era grave si Inès lloraba, que pronto iba a pasar y la tripulación me iba a ayudar en lo que se me ofreciera durante todo el trayecto. Me tranquilicé, Inès bebió un poco, se acomodó en mi regazo y la crisis había acabado al momento de despegar.

Un poco de tranquilidad para la mamá pero… no por mucho tiempo sino sería muy fácil.

Ya casi llegamos…

Después de una hora, el pequeño ser se despertó y no cerró sus hermosos ojos durante el resto del vuelo. Recorrimos 10 000 kms en avión pero tal vez 50 kms a pie en los pasillos de la cabina. 10 horas despierta durante un vuelo de 11 horas. Así fue como comprendí la importancia que tiene eso de viajar de noche aunque a veces cueste un poco más caro. Demasiado tarde: teníamos todo el día por delante.

Vueltas y vueltas, paseos en canguro, después nos sentábamos para dibujar o leer su libro preferido, luego, le pareció más divertido saludar a todos los pasajeros que la miraban. Inès fue mi lazo social y fue así como le contamos nuestra vida a muchos pasajeros.

México estaba cerca… Y lo sentí en todas esas conversaciones que en Francia nunca hubieran tenido lugar -pues serían tachadas de indiscretas- pero que entre mexicanos se dan fácil, sin que nadie se enoje. Como la que tuve con una señora ya mayor que hasta me dio risa pues terminó ‘reprendiéndome‘ a mí, muchachita inconsciente, que no pensé en lo que iban de sufrir mis padres teniéndome tan lejos.

Entre más nos acercábamos a México, Inès hacía más pucheros, más caprichos y nada le parecía bien… Normal, pues estaba muy cansada y no pudo conciliar el sueño. Al pisar suelo mexicano fui ayudada con mi equipaje por la gente que conocimos en el avión. Inès estaba intrigada por las luces del aeropuerto, la gente… Pasamos rápidamente inmigración y aduana.

Yo estaba CANSADA pero contenta pues lo más pesado había quedado atrás.Tuvimos que esperar dos horas para tomar nuestra última conexión. En el vuelo trasatlántico, conocí a una mamá belga que también viajaba sola con su hijo de 2 años, ella, casada con un mexicano, regresaba de Bélgica después de pasar dos meses con su familia.

Al bajar del avión nos perdimos de vista pero nos reencontramos en la terminal de vuelos nacionales. Ellos iban a Oaxaca, nosotros a Guadalajara. Descansamos juntas y nuestros hijos empezaron a jugar. Ambos bebés extenuados pero en lucha contra el sueño.

A ella le dieron su carriola quebrada: inservible. Traía tanto equipaje como yo y aunque la compañía aérea se comprometió a reembolsarle la compra de una carriola nueva, tuvo que terminar el trayecto así, con el bebé en los brazos y las maletas también. Nos dijimos adiós porque ya era hora de partir.

Al abordar el México – Guadalajara, Inès al fin dormía. Se despertó varias horas más tarde en la cama que tanto la había esperado en la casa de sus abuelitos de México… Al fin habíamos llegado.

3 comentarios en “Experiencia de un viaje largo en avión con bebé”

  1. Hola! Viajaste con KLM?
    Yo viajaré por primera vez con mi bebé de Frankfurt a Lima vía Amsterdam. Ella tendrá 2 días antes del año y regresaremos 1 mes después. Al llamar y preguntar por las opciones, me dijeron que sería muy grande para la cunita. Y que sería mejor comprarle un asiento. Pagar el 75% del precio no está dentro de mis posibilidades, así que he comprado 2 asientos en la primera fila de economy comfort para tener libre delante mío. Ahí es donde tengo entendido también ponen las cunitas… cómo hiciste tú para que no te rechazaran el pedido de la cunita, teniendo tu bebé 17 meses? Yo no sé cuánto tendrá para esa fecha. En 2 semanas cumplirá 6 meses y ya va por los 64 cm y algo de 8 kilos…
    Gracias y un abrazo!

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    1. Hola Clara. De ida no reservé la cunita precisamente por las mismas razones que te evocaron a tí también. Al regreso hice la pretición directo en el mostrador ( aunque recuerda que siempre está sujeto a disponibilidad). Si no, en el peor de los casos verás con los sobrecargos. Pagar asiento extra es hasta los dos años, me parece que te dijeron eso para venderte otro asiento… Buen viaje y suerte !

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