México desde el extranjero, Vivir en Francia

La conquista

El 13 de septiembre cumplí 8 años de haber llegado a este país y cada que veo pasar en el calendario esa fecha simbólica recuerdo algunas anécdotas de aquel comienzo afanoso.

En octubre del 2007 estaba inscrita en l’Université Populaire de Strasbourg, tomaba clases de francés 3 veces por semana y destinaba mi tiempo libre a la escritura de correos electrónicos para mi familia y amigos así como al uso del famoso – y hoy extinto MSN- una herramienta que, estoy segura, marcó a la gente de mi generación. Tantas conversaciones, videollamadas y por supuesto los ‘bugs’ del sistema como el temible error “80048820”…

El Osito Charmín tenía una suscripción a un periódico en línea que compartía conmigo para que me mantuviese informada sobre todo lo que pasaba en México. Pero de Francia nada. A semanas de haber llegado, no entendía gran cosa de lo que se hablaba a mi alrededor, me comunicaba en inglés cevichero, o con grandes gestos, o a señas así que aún no pensaba en seguir el hilo de la vida política del país.

En ese mes de octubre el transporte público efectuó un paro. Dos semanas después habría huelga general y estaba programada la suspensión de los servicios de autobús, trenes, metros y tren ligero en toda Francia. Mi elemental manejo del lenguaje me daba para comprender que el asunto radicaba en que los transportistas, a diferencia del gobierno, no querían que se aumentara la edad para la jubilación.

En el ejercicio de su derecho a huelga entorpecerían el derecho de todos los demás de trabajar o estudiar. Sin embargo, a pesar del caos anunciado no dejé de sentir admiración ante esa noble capacidad de unión y protesta que iba a paralizar al país entero. Hija de sindicalistas soy…

Como cada martes debía asistir a mi clase pero apenas unos momentos antes de partir entendí que era el anunciado día de paro general. Todos los que sabían hablar francés, estaban al tanto de la huelga y habían tomado sus precauciones. Menos yo.

40 minutos de caminata hasta la universidad, bajo temperaturas otoñales y con el tiempo encima era un disparate y perder mi clase, dadas mis condiciones: también. Dejé de sentir admiración y me puse furiosa al pensar en los revoltosos huelguistas y aunque no lo evoco con precisión, seguro que solté muchas malas palabras en español.

No recuerdo quién me prestó una bicicleta pues en Estrasburgo es uno de los medios de transporte más populares y hay ciclo-vías por doquier. Es así como estimulan la movilidad urbana.

Vía ciclista en Estrasburgo
Vía ciclista en Estrasburgo

Por la urgencia acepté, sin reparar en que tenía más de doce años sin andar en bici y en segundos volví al año 1995 cuando allá en Zapotlán, de visita con mi familia en la colonia de Los Olivos, tuve un “trágico” accidente que me condujo al IMSS con raspaduras en todos lados, un hombro fracturado y por supuesto, el trauma por el que, desde entonces, cesé de montar bicicleta.

Vivía en un hostal, el mágico y fabuloso Auberge de Jeunesse René Cassin, cuyo lado izquierdo colindaba con un terreno de camping. Ambos lugares estaban separados por un pequeño prado y una hilera de hermosos álamos. Era otoño y los árboles soltaban sus hojas doradas -esas que tanto me gustan- sobre el césped verde. Por ahí saqué la bici sin embargo no podía echarme a andar aún a sabiendas de que tenía que apurarme pues se hacía tarde. Me caí tres veces antes de poder andar unos metros y casi estrellarme contra una pared. Suerte que los frenos funcionaron bien.

En bici o caminando ?
En bici o caminando ?

Divertido por mi espectáculo, un vecino del hostal que observaba desde su ventana, salió y me sostuvo empujándome unos metros como a una chiquilla de 7 años encerrada en el cuerpo de una de veintitantos. Se reía con mi cara de pánico y mis aprietos para echarme a andar. Entre la prisa, la vergüenza y el terror, con su ayuda al fin anduve y ni siquiera pude voltear para decirle adiós y gracias. ¡ Vaya regocijo sentí al reconquistar el equilibrio en la bicicleta!

No hubo triunfo social sin embargo algo bueno dejó aquella huelga de franceses en la autoexiliada: el trauma guardado por años; borrado en minutos.

2 comentarios en “La conquista”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .