México desde el extranjero, Reflexiones, Vivir en Francia

La ausente

Extrañaba darme tiempo para confiarme al lector anónimo. Llevaba varias semanas con un frenético ritmo ( mucho trabajo y una vida doméstica muy cargada, como la de todo adulto promedio). Es verano y no tengo vacaciones, así que cualquier pretexto es bueno para tener la impresión de ‘romper’ la rutina mientras las temperaturas son clementes.

Desde junio, multiplicamos los aperitivos en terraza con amigos, las fiestas de pueblo, las cenas improvisadas en los jardines de seres queridos, el lujo de comer en un restaurante a la orilla de la playa o del río… aunque al día siguiente a las 6:00 a.m. el despertador sonara, viniera un café y la rutina siguiera.

Desde hace tiempo, el Rey y yo estábamos enfrascados en un proyecto de remodelación de nuestra casa. Según la lógica francesa, empezamos con la planeación, los presupuestos, comparar, calcular… Meses después, al ver que era factible, nos lanzamos y entonces tuvimos que lidiar con albañiles, fontaneros, electricistas… que aquí también – de repente- son informales y mal quedados. Gastamos mucha energía en ello.

Desde hace tiempo, estoy envuelta en una incertidumbre laboral y un anhelo de auto-empleo que me ha confrontado de nueva cuenta con la burocracia francesa. Mi marido, dentro de una empresa que -desafortunadamente- como muchas, sigue la lógica de la célula cancerígena : crecer por crecer (con todo el estrés que ello provoca).

Tensiones por todos lados y una sensación permanente de agobio que yo desdeñaba al pensar en ‘septiembre’, pues es el mes en el que volvería a tener un ritmo menos agitado.

Sin embargo, lo que uno calla, el cuerpo lo grita.

Estoy convencida de que todas las enfermedades tienen su origen en el plano mental y emocional. Me sentía muy cansada pero con “tantas cosas qué hacer” no me escuché. Mi médico general me había indicado una incapacidad de una semana que negué de inmediato al argumentar un “imposible, tengo mucho trabajo, no puedo faltar, mejor, déme el tratamiento para que mañana pueda estar en mi oficina y todo normal“… y fue así como días después, llegué al servicio de urgencias del hospital de Béziers por una bronquitis que padecí durante dos semanas y que en realidad era una neumonía, una infección que había invadido ambos pulmones.

Los hospitales en general siempre me causan una ansiedad visceral y al entrar a ese establecimiento palpé de cerca la realidad de la fragilidad de la vida. ‘Tout ne tient qu’à un fil’ (todo pende de un hilo). Cuando lo esencial oscila, los pequeños problemitas de la vida cotidiana se relativizan hasta desaparecer y queda lo que en realidad es importante.

Si bien estuve hospitalizada cinco largos días, mi caso no fue tan grave como para preocupar a los especialistas pues con un tratamiento adecuado y una vigilancia cotidiana, las cosas vuelven a tomar su ritmo normal. Pero estaba en mis 40°C de fiebre y reparé en cuán lejos están los atardeceres de Zapotlán y mi familia y amigos de México. Luego discurrí en la ansiedad que provocó la noticia sobre todo en mis padres, también pensé en mi hija, mi sol, que acaba de cumplir 3 años y por suerte, continuó su rutina de bebé sin sufrir de la ausencia temporal de su madre pues tengo la fortuna de contar con la ayuda de toda nuestra linda familia de aquí.

Todo esto me sumergió en un registro sentimental en el que todas las muestras de cariño y apoyo, hasta la más mínima, estuvieron preñadas de trascendencia. A menudo me encuentro inmersa en el torbellino de la cotidianidad y doy por sentado todo, como si fuera eterna. Lo esencial se desequilibró y entendí cuán afortunada soy al haber superado esta experiencia rodeada de amor. Estoy invadida de gratitud.

Me siento feliz de tomar consciencia de mi suerte porque todo lo que tengo es mucho más de lo que a veces pienso y sé que la felicidad está aquí y ahora, sólo hay que darse una pausa y reconocerla en esos pequeños detalles que uno da por sentado, como si fueran normales, cuando en realidad son extraordinarios, como el simple hecho de respirar y sentir que el aire pasa, como la sonrisa de un hijo, como el ver que el sol se levanta en la mañana.

Por hoy, no me queda más que agradecerle a la vida, al universo y a todos los que me rodean por ser y estar.

2 comentarios en “La ausente”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .