Vivir en Francia

Fiesta de barrio

Día del vecino
Día del vecino

En Francia, hoy se celebra “La Fête des voisins” (el día de los vecinos). Esta iniciativa tuvo su origen en París hace 15 años con el propósito de desarrollar la convivencia entre vecinos y así, romper el aislamiento que, según los organizadores, reina en las ciudades.

Es una manera de crear un sentido de pertenencia al barrio y una magnífica oportunidad para conocer a los vecinos y pasar juntos un rato de sana convivencia.

En el 2014 más de 7,8 millones de personas en Francia en 1050 municipios participaron. La iniciativa traspasó fronteras con la “Journée Européene des Voisins” (Día europeo de los vecinos) en Bruselas, Berlín, Ginebra, Roma Luxemburgo, Lisboa, Londres y otras 1400 ciudades europeas más en donde 20 millones de vecinos se dieron cita para compartir.

Tengo la suerte de vivir en un barrio tranquilo con buenos vecinos. Es una calle sin salida, un impasse, en donde viven muchos jubilados, la mayoría de origen español o bien, españoles exiliados en Francia desde hace más de 40 años. Nadie se mete con nadie y todo mundo se saluda de manera cordial y cuando se requiere nos echamos la mano como podemos.

Los únicos ‘jóvenes’ treintañeros del barrio somos nosotros y nuestros vecinos de al lado. La “Fête des voisins” se celebra en nuestra calle desde hace ya 4 años y es toda una tradición; una cita que, salvo causa de fuerza mayor, nadie se pierde. Los jubilados se encargan de la organización y la invitación se hace extensiva a las familias de cada vecino.

El primer año fue memorable y dio ganas a todo el vecindario de repetir la experiencia. Unos vienen desde Barcelona a visitar a sus familiares y sobre todo a participar en la fiesta. Dos de mis vecinas encabezan de manera muy loable la ardua tarea de la organización; el primer año fue de ‘traje’ y puesto que hay varios españoles que dominan el arte de cocinar una buena paella gigante, los demás cooperamos con una pequeña cuota y ellos se encargan de todo : hasta de la sangría española hecha en casa (una bebida a base de vino tinto, limonada y fruta fresca picada).

El ayuntamiento facilita la impresión de las invitaciones, prestan  mesas, sillas y dan un detalle para los participantes (playeras, cachuchas, sacacorchos…) Las mesas se instalan en la calle y la fiesta comienza con el aperitivo.

Es la única fiesta del año en donde nos juntamos todos y son precisamente los jubilados quienes más energía tienen para llegar hasta el final de la celebración. Durante dos años consecutivos pasé la fiesta sobria pues estaba encinta (la primera vez no llegué a término y la segunda vez, esperaba a mi Patroncita).

Mi marido el Rey sin restricción alguna empezó con una copita al aperitivo, dos, tres, cuatro… igual que todos. Más tarde empezó la música con un autoestéreo y hasta los abuelitos bailaron y empezaron a sacar botellas insospechadas de sus cavas personales. Como el regreso a casa no es un problema…

Fête des voisins
Fête des voisins

Fue muy interesante hablar un poco con todos y conocerlos más, con sus historias y sus situaciones actuales. Siempre me ha gustado hablar con la gente mayor porque aprendo mucho. Descubrí que hay quienes vivieron en diversas partes del mundo por cuestiones laborales. Me hacen soñar con la época que vivieron, sin crisis, como la que nos tocó a nosotros.

Tengo vecinos que vivieron en 7 años en México. Conocen Ciudad Guzmán y uno de ellos trabajó para una filial de Telmex en Guadalajara, la empresa donde mis padres hicieron carrera. El mundo es pequeño. Muy pequeño.

Dada mi condición de embarazada, me despedí poco después de cenar. Mi marido se quedó en la pachanga y cuál fue mi sorpresa al despertarme a las 4 de la mañana y no sentirlo en la cama. Me levanté como resorte, muy enojada porque lo primero que pensé es que -aunque no es su estilo- se había ido de parranda con nuestro vecino de al lado, el único de nuestra camada cuya mujer estuvo ausente de la fiesta por motivos laborales.

De paso decidido me dirigí hacia la ventana para ver si estaban ambos vehículos estacionados o no mientras la sangre me hervía aún más y pensaba en dónde andaría.

Cuál fue mi sorpresa al toparme en la sala con el cuerpo prácticamente inerte de mi Rey que roncaba acostado sobre la toalla de Tito nuestro perro bóxer de 35 kilos mientras éste dormía al lado de su amo. Volví a mi cama riéndome de él y de mí misma y le preparé el paracetamol para el siguiente día.

Como de costumbre, estoy ansiosa por ver qué tal éste año… todos están listos, de buen humor y además tenemos suerte  ¡ hay buen clima !

1 comentario en “Fiesta de barrio”

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