México desde el extranjero, Reflexiones, Vivir en Francia

La expatriada, la amistad y los kilómetros

Cuando hace frío uno tiende a abrigarse con la nostalgia
Cuando hace frío uno tiende a abrigarse con la nostalgia

Desde hace tiempo tengo la extraña sensación de haberme convertido en un recuerdo. Suena pueril, pero es una impresión que lamento con amargura y dolor.

Tal vez sea el invierno porque cuando hace frío uno tiende a abrigarse con la nostalgia o será que últimamente tengo más tiempo libre y cavilar me es inevitable.

Durante mis primeros años de expatriada no sentí ningún pesar. Por supuesto que echaba de menos mi mundo pero estaba concentrada en aprender nuevas cosas y superar retos para construirme una nueva rutina por estas latitudes. No me daba abasto para escribir o contestar largos correos electrónicos de mis amigos y usaba el teléfono relativamente seguido.

Si bien nunca he sido la persona más sociable del planeta, conozco a mucha gente muy buena – aquí y allá-. Mas como todo mundo, a mis amigos los cuento con los dedos de la mano y soy muy afortunada al haberlos cruzado en mi vida.

Tengo amistades de años con las que reí, lloré y hasta hice travesuras – muchachadas inocentes- que nunca confesé a mis padres. Sé que hoy cuento con ellos y ellos cuentan conmigo y así será siempre aunque cada vez sea más difícil palpar la verdad de esta afirmación porque hay un océano de por medio y ya no compartimos la vida cotidiana. Eso pesa mucho en el corazón de esta expatriada.

En circunstancias muy específicas y temporales crucé mi camino con el de muchos seres extraordinarios que así como llegaron también se fueron. Sin embargo, nuestras almas sintonizaron de manera especial y siempre contarán en mi vida pues dejaron huellas indelebles en mi espíritu. Con unos rompí el contacto en plena consciencia. Con otros la cuestión fue más bien involuntaria…

El problema del cual me lamento ahora son estos miles de kilómetros y el serio abismo que han creado. Ellos allá y yo acá. Con nuestras vidas de treintañeros, entre la realización y el éxito profesional que llegan poco a poco, al igual que el matrimonio, los hijos…

Me di cuenta de que los echo de menos como nunca antes aunque también dejé de llamar, escribo de forma esporádica y -paradoja- me exaspera cada vez más entablar conversaciones virtuales del tipo: “… Cómo estás ? – Bien y tú ? – Bien también”. Porque hay tantas cosas qué contar y sé que las omitimos por falta de tiempo, porque nunca coincidimos con la diferencia de horarios y tal vez porque nuestras rutinas ahora diametralmente opuestas no tienen mucho qué ver.

Las ‘redes sociales’ en vez de acercarnos nos alejan y basta con ver una foto para suponer que todo va tan bien que no hay necesidad de indagar más. Antes teníamos los fines de semana para ponernos al día. Hoy, en el mejor de los casos, nos vemos un par de horas una vez al año…

He regresado a México una, dos, tres, cuatro veces… y cada vez, ya sea que vaya por 2 o 3 semanas da igual: al llegar al aeropuerto me invade una nostalgia prematura y el tiempo nunca me alcanza. Quiero ver y abrazar a toda mi gente, impregnarme lo más posible de mi país, absorber sus colores, sus sabores, su alegría. Cada visita es una bendición que me prodiga felicidad hasta en el más insólito y mínimo de los detalles.

Por supuesto, veo a mis amigos y todo vuelve a ser como antes. Hablamos sin pudor y reímos como siempre aún si ahora no tenemos ni siquiera 24 horas para pasarla juntos.

Con el paso de los años mi tierra cambió y ahora la realidad dista demasiado de mis recuerdos. Muchos amigos se quedaron pero muchos otros se fueron también y cada vez es más complicado acordarnos una cita. Eso de “verse” representa un mayor esfuerzo para ambas partes pues, entre otros factores, aún estando en México, la cuestión geográfica también es un problema. La última vez ni siquiera con uno de mis amigos más queridos pude tomarme un café. Culpa del azar. O las ganas. Ya no sé.

Puede que mi pesar esté exacerbado porque en estos años de exilio me ha sido sumamente difícil construir relaciones amistosas profundas sobre todo fuera del círculo de mi marido y -duro aprendizaje- he tenido que hacer las paces con esta impresión creciente de soledad (que probablemente sea más virtual que real).

El regreso a Francia siempre es duro. Sin lamentos pues sé que es parte del juego y me esperan mi casa y la familia que formé, esta vida que elegí y me gusta. Amo México, pero ya no concibo dejar este país en el que vivo y que tan bien me ha acogido. También aquí me siento en casa.

Tal vez sí sea el frío y también el teléfono que no suena.

Pronto la primavera llegará. Además, sí, yo también puedo marcar…

15 comentarios en “La expatriada, la amistad y los kilómetros”

  1. La vida nos da oportunidades ,que marcan nuestras formas de vida , yo soñava con ser veterinario y vivir en un rancho, soy macanico y vivo en una oficina me siento feliz veo a mi familia realizada, adelante siempre adelante

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    1. Hola Diana y gracias por leer y comentar 🙂 Vivir en el extranjero es una experiencia linda pero no hay que creer que todo es glamour y placer, tiene sus inconvenientes pero a cada quién le afecta de manera distinta. Como todas las decisiones en la vida, uno gana una cosa y pierde otra. Eso sí : hacer todo por realizar tus sueños siempre vale la pena !

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  2. No es por falta de tiempo que no conectas ya con tus amigos mexicanos. Es porque se han perdido los lazos que crean el puro charlar del día a día, el vivir al unísono las mismas experiencias del país. Se ha perdido la sincronía. Y te lo advierto, al cabo de unos años te dará abiertamente pereza “tener que verlos” a todos al regresar a México. ¡Pero siempre te quedará Paris!

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      1. Tú aún estás en la fase de la ligera frustración. Yo, en la pereza definitiva… Quien quiera verme, que venga a mi casa unos días. Así se puede volver a conectar plenamente, con calma, con charlas, con convivencia.

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  3. …al final, la mejor patria es un puzzle de vivencias, cachitos de paisajes extraídos de aquí y de más allá que van componiendo el territorio de los quereres y los deseos y acaban configurando un Atlas Interior diverso, sorprendente y único.

    Gracias por el seguimiento.
    Salud y felicidad en expansión.

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  4. Me gusta leer lo que escribes… también vives mi sueño… me parece que siempre habrá las dos caras de la moneda, aquí y allá… el corazón ahora está repartido en varias personas en este planeta….. siempre hay un costo para vivir nuestros sueños, yo he vuelo a México, y es una sensación muy extraña…. la cosas siguen igual pero yo no soy la misma….. Gracias por compartir!

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    1. Gracias por leer y por tu comentario 🙂 efectivamente, siempre hay dos caras de la moneda, como todo en la vida; elegir conlleva el perder, así es esto 🙂

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  5. Hola Sacha, un placer, haber leído tus relatos.
    Ademas de saber escribir muy bien, se que has llegado al corazón de muchos de nosotros, identificándonos.
    Yo soy hija de inmigrantes y yo he elegido inmigrar también. Tal vez un destino heredado y adoptado.
    Gracias, y un beso

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  6. Tenemos vidas distintas en provincias distintas de Francia, no obstante, comparto contigo la frase “elegir conlleva a perder” Dejar México, para conocer el mundo a partir de Francia, ¡vaya decisión|aventura que, hablo por mí, me aventé! y ahí me identifico con uno que otro de tus post. Lo bonito de todo esto es ver en mi lista la palomita sobre mi sueño|frase: vivir en el extranjero, conocer Europa… Viaje interior, etc, etc. Y todo este anecdotario para decirte que tu estilo al escribir me ha gustado mucho 🙂 besos

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    1. gracias Lena por tomarte el tiempo de leer y comentar 🙂 Así es, a pesar de todo lo que implica, lo hicimos y esa es una satisfacción muy grande 😉

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