ESPAñOL, México desde el extranjero, Reflexiones

Octubre sin feria

Trono de Señor San José
Trono de Señor San José

Hace 8 octubres que no vivo una feria en Zapotlán el Grande. Y la nostalgia llega con el remordimiento de aquellas fiestas que pasé en mi tierra y que no conté como buenas.

Hoy, casi puedo advertir el olor a pozole blanco que como cada 23 de octubre -Día de la Función-  inunda Ciudad Guzmán, Jalisco, con la algarabía de las sonajas de los danzantes,  los cohetes, las bandas, los toros de once, el legendario callejón del vicio y la chirimía :

Apenas la oigo , ya tengo el corazón lleno de feria, aunque no salga de mi casa  *

Y si bien tengo a mi alcance -via Internet– los castillos, las peregrinaciones y el desfile de los carros alegóricos: no hay como vivirlo.

Observar el cielo limpio con un sol que abraza tímidamente y sentir el vientecillo típico de mi valle.

 -Cuando el tren acaba de subir la Cuesta de Sayula, un viento fresco y ligero llena los vagones. A mí me basta con sentirlo para preferir Zapotlán entre todos los pueblos que conozco. *

La emoción de compartir momentos de fervor en familia y encontrarse identificado con todos porque todo es fiesta.

Y nosotros salimos ganando porque la feria de Zapotlán se hizo famosa por todo este rumbo. Como que no hay otra igual. *

Casi invariablemente durante esas fiestas padecí los más severos ataques de asma de mi vida. A pesar de ello, de niña disfruté mucho de los octubres y los jueguitos y los castillos nocturnos… Adolescente no porque llevar la contra era una de mis especialidades y gozar de octubre equivalía a ser convencional: inconcebible para mí en aquella época.

No obstante, lo único permanente y real en la vida es el cambio. Así pues, hoy siento un ligero pesar ya que en mi caso no queda nada de aquellas costumbres familiares de las que muchas veces renegué.

Todas esas tradiciones que creía invulnerables – muy propias de mi clan– ya no existen. Ya no hay 23 de octubre como los de antaño: con la estirpe reunida desde muy temprano en aquella casa de vetustos muros para ver las andas y el trono de Señor San José y la Virgen que varias veces se paró justo enfrente de la morada familiar, signo divino de bendición que conmovió hasta las lágrimas a más de alguno. Comer pozole, beber ponche de granada de la tía, luciendo ropa y zapatos nuevos, como cada año….

Suspiro por esos recuerdos. Y la nostalgia es por las ausencias irremediables y los abandonos. Por esas tradiciones que mi hija no vivirá.

 *Fragmentos de “La Feria” de Juan José Arreola

 

4 comentarios en “Octubre sin feria”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .