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Sorpresas

Viejas fotos...
Viejas fotos…

Llámame anticuada y anti-ecológica pero la niña de los 80’s que hay en mí se rehúsa a recibir facturas electrónicas así que cada mes tengo en mi buzón una pila de papeles que procuro archivar inmediatamente antes de que el Rey sufra un ataque de ansiedad y pánico.

Como de costumbre, me dispuse a clasificar mi pila de hojas en los archiveros de cartón que guardo en un armario pero ando torpe y en una mala maniobra se me cayeron todos al piso. De entre ese caos salió mi álbum fotográfico que traje desde México y súbitamente me recordó cuán sentimental soy – aunque muchos se resistan a creerlo.

Mea Culpa : hay fotos que robé, o mejor dicho, “sustraje discretamente” y que tienen un gran valor emocional para mí y mi clan, como la de Juana y Valentín, mis abuelos maternos juntos ( cuya dramática historia alcanzaría para escribir una novela), la de mi madre a sus 8 años el día de su primera comunión, con bucles, su misma carita de foquita canadiense y un lindo vestido de seda, así como muchas otras imágenes más de mi propia historia hasta el 2007, año de aquella rigurosa selección de fotografías que embarqué para flagelarme mejor durante mis ratos de nostalgia.

Y fue así como me dejé sumergir en una ola de emoción y tantos recuerdos al pensar en todos los que siguen conmigo (aunque haya un océano de por medio), los que se fueron de la tierra, los que sólo desaparecieron de mi vida, los que fueron importantes y siempre lo serán, aunque tal vez nunca los vuelva a ver, los que quiero y los que quise, los que me decepcionaron, aquellos de los que fue difícil separarme…

Incluí paisajes de mis lugares favoritos, en un intento por no olvidar de dónde vengo – como acto premonitorio, casi atisbando el hecho de que iba a quedarme más tiempo.

El paisaje de la Presa de Zuno (la de los “Cangrejos”) con las vacas flacuchonas que merodean por ahí, un lugar mágico en el corazón de Jalisco, cerca de la Unión de Guadalupe en el camino hacia Concepción de Buenos Aires, sitio de divertidas anécdotas y momentos felices que además al Osito Charmín y a mí nos recordaba paisajes europeos.

También fue un reencuentro conmigo misma y mis prioridades de hace 7 años.

Siete años no es nada sin embargo para mí ha sido un periodo lleno de vertiginosos cambios. Y es mucho y es positivo porque además he avanzado.

No cabe duda que el cansancio aumenta el grado de sensibilidad. Aunque en estos momentos creo firmemente que ando más cansada que sensible. Involuntariamente me he ausentado de éste espacio, mi punto de encuentro, mi cita conmigo misma y también con mis cinco lectores.

Ya vislumbro un periodo más relajado en un lugar donde advertiré los restos de feria de octubre, los rosarios de la Virgen de Guadalupe, las pre-posadas…

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