ESPAñOL, Vivir en Francia

El arranque del verano

Los sentidos se espabilan. Días largos, ropa ligera, cenas improvisadas en jardines llenos de vegetación, conversaciones triviales, olor a Mediterráneo y sol meridional, atmósfera relajada, gente con el humor liviano que sale de no sé dónde e invade las terrazas de los restaurantes… Al fin es verano.

En México las estaciones del año no son muy marcadas, por ende, no tienen la misma importancia que en estas latitudes pues nosotros estamos acostumbrados a vivir con un sol que calienta aún en invierno y un clima relativamente clemente que, salvo tormentón de último minuto, nunca es discapacidad para salir de casa. Acá las cosas son muy distintas y – aunque viva en el sur- hay días de enero durante los cuales hasta para salir por el pan se sufre. Por eso la gente aquí es muy sensible al sol, la lluvia, el invierno…

El 21 de junio pasado en Francia, el solsticio de verano se celebró igual que desde 1982, con la “Fête de la Musique” (Fiesta de la música), una tradición muy popular sobre todo entre melómanos. Es así como cualquiera puede disfrutar de conciertos gratuitos que se llevan a cabo simultáneamente en los espacios públicos de todos los pueblos y ciudades del país : rock, jazz, clásica, tradicional…

Además en Sérignan, desde hace 6 años en estas mismas fechas, se llevan a cabo las “Fêtes du Paratge”, dos días de fiesta occitana que se clausuran a la orilla del río Orb, alrededor del “feu de la Saint Jean” (la hoguera de San Juan Bautista). De hecho ‘paratge’, es un término occitano que conlleva el sentido del honor, el amor cortés, el respeto de uno mismo y de los demás sin importar su sexo, raza, origen o religión así como la negación de la ley del más fuerte.

Este año la pasamos con amigos, en el pueblo de Sauvian ( a 2 kms de Sérignan) porque el Rey quería asistir al concierto de un grupo de jazz manouche (gypsy jazz), género musical que yo aprecio y del cual él es fanático pues alguna vez -hace algunos ayeres- también tocó en un grupo similar.

Al caer la noche regresamos a Sérignan para que la Patroncita disfrutara de un espectáculo pirotécnico y circense y de paso asistir con ella, por primera vez, a la hoguera de San Juan. Como medio pueblo estaba ahí, saludamos a muchos de nuestros conocidos, la mayoría de los cuales sólo cruzamos en fiestas estivales, como ésa. Y al calor de la hoguera gigante, brindamos con vasitos de plástico llenos del vino rosado producido en el pueblo, escuchando el barullo del evento y las notas de música tradicional occitana… Así inició formalmente nuestro verano.

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