México desde el extranjero

Mexicanos al grito de guerra

Soy de esas a las que el fútbol las deja insensibles. Afortunadamente me casé con un hombre al que sólo le gusta ver los partidos “importantes” porque creo que en caso contrario no lo hubiera soportado. La verdad, a veces envidio la pasión que tienen aquellos que gritan o dejan de respirar durante un partido y que utilizan la primera persona del plural para referirse a las acciones de su equipo.

Como millones de compatriotas ( más bien por darle gusto al Rey que también se siente mexicano ) vi el México – Brasil desde la comodidad de mi hogar después de la cena porque aquí eran las 9pm. En Sérignan hay mexicana y media (mi hija y yo) y las manifestaciones de connacionales que se reúnen para armar “guateque” comienzan lejos, en Montpellier, a 45 minutos de aquí. Viviendo en Francia, en provincia, uno se hace perezoso y las distancias, que en México se relativizan fácilmente, aquí parecen infranqueables.

Debo confesar que me dormí a la mitad del partido y sólo me desperté para dejar el sillón de la sala e irme a la cama – en modo zombie- para enterarme a la mañana siguiente del resultado. Carezco de conocimientos sobre el tema pero estoy de acuerdo en que la actuación del portero fue muy buena. También pienso que es sólo un empate y basta.

He descubierto que la parte que más me gusta de los partidos del mundial, la “Coupe du Monde”, es la de los himnos nacionales. Aquí en Francia, no es obligatorio para las radiodifusoras o televisoras “tocar” diariamente el himno nacional al inicio o al final de sus transmisiones. A los jugadores de la selección les jalaron las orejas porque no cantaban La Marsellaise y me atrevo a afirmar que mostrarse patriota en el Hexágono, no es bien visto sino todo lo contrario.

Pueden tacharme de sentimental pero escuchar el “Mexicanos al grito de guerra…” y ver a los compatriotas felices en Brasil, con sus sombrerotes y bigotes, haciendo mofa – muy a nuestro estilo- del cliché que nos caracteriza en el extranjero, me erizó la piel y me conmovió casi hasta las lágrimas. Y canté mi himno nacional con mucho sentimiento y una nostalgia y un orgullo tremendos, acompañada del Rey – a quien también le encanta.

Recordé con afecto cuando por allá en 1994, programaba mi reloj-despertador digital – un artilugio más patrocinado por el Osito Charmín, quien me lo trajo de regalo desde la ciudad de México. Y fue así como pasé la primaria, la secundaria y la prepa despertándome todos los días a las 6 de la mañana con las notas de Jaime Nunó y las estrofas de González Bocanegra para luego seguirle con Notisistema y Jorge Águila.

Para luego es tarde y el Rey está de acuerdo conmigo para cambiar la musiquita cualquiera de mi despertador por mi Himno Nacional Mexicano y así también inculcarle a La Patroncita, como Dios nos da a entender, algo de su otra Patria. Mientras tanto, yo espero el próximo partido de México, aunque sea nada más para ver el inicio.

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