ESPAñOL, Reflexiones

Aprendiendo y aprehendiendo francés – 2

*Primera parte de éste relato, click aquí

Cual extranjera, de las primeras cosas que aprendí en francés, fueron todas las majaderías habidas y por haber (gracias al Rey), sobre todo las que se usan aquí en el sur con tintes de occitano, la lengua romance hablada en ésta, la región histórica de Occitania, en la cual vivo. Si alguien me dice tanèque, ya sé que no es precisamente un halago…

En mi vida cotidiana no hablo español pues aquí no hay con quién, aunque haya muchos españoles por estos rumbos, los hispanohablantes que he cruzado, hablan por lo general en francés. Desde mi embarazo sólo a La Patroncita le hablo en español porque para mí es sumamente importante que crezca bilingüe y bicultural. Es mi responsabilidad porque si no le inculco México ¿ quién lo hará ?

Después de más de 6 años de práctica intensiva es normal que ya no tenga problemas para platicar ni leer o escribir aunque debo confesar que todavía le temo al teléfono sobre todo en el trabajo. De repente cometo faltas gramaticales pero casi nunca errores ortográficos (normal, pues lo aprendí escrito y la ortografía es algo que trato de respetar siempre), leo y escribo sin diccionario (al que recurro sólo como referencia igual que en español).

Gané en francés pero perdí algo de mi español “elegante” (esa es una de las razones por las que me puse a escribir en mi lengua materna). Ya ni hablar de mi inglés cevichero… Ahora yo también soy capaz de decir “ambiuRGgueRG” (hamburguer con acento francés).

No cabe duda que cada idioma es una otra manera de ver el mundo. Por ejemplo, en francés no hay “abrazos”. Hay expresiones para significar el acto de estrechar en los brazos a otra persona  (prendre dans les bras, faire un câlin) pero no existe una traducción literal de la palabra abrazo.

Es un detalle que ilustra a la perfección el hecho de que el idioma es un retrato de la manera en la que se ve el mundo. La gente en Francia no se toca mucho, aunque se aprecien y se quieran, igual como nos queremos y apreciamos los mexicanos a los que tanto nos gusta abrazarnos hasta para saludarnos o felicitarnos, cuando estamos contentos o tristes. Los abrazos como se usan en mi tierra, dados nada más porque sí, son de las cosas que más me hacen falta.

Hablo con acento mexicano y no creo que algún día se me vaya a quitar, aunque es lo de menos pues aunado a mi finta, invariablemente se nota que no soy de aquí y la verdad, eso de sentirme extranjera, exótica y rara, siempre me ha gustado.

Una herramienta útil para aprender buen francés, es la música como las canciones del buen Georges Brassens, cantautor nacido en Sète, una ciudad muy linda con canales y puentes levadizos situada a unos 40 minutos de aquí, que todavía espero conocer algún día. Hace 6 meses el Rey al fin me prometió que me va a llevar…

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