ESPAñOL, Reflexiones

De sueños y realidades

Adoro mi pueblo pues Ciudad Guzmán es especial y mágico por naturaleza. Sin embargo, desde siempre tuve urgencia por ensanchar mi visión del planeta porque intuía que existían muchos mundos por descubrir. En abril de 1999 conocí París, Francia pues desde entonces, las maletas en las manos me van mejor que las fiestas fastuosas de XV años y los vestidos vaporosos.

Flaubert, Lautrec, Balzac, Collete, Simone de Beauvoir, Piaf, Proust y demás… para bien o para mal me forjaron una imagen idílica de Francia y así me enamoré de éste país. No fue la influencia paterna si no un genuino gusto por el lugar y todo lo que de él emanaba.

En el 2004, tuve la fortuna de regresar a París y mientras descansaba en el Jardin du Luxembourg determiné que encaminaría todos mis esfuerzos para realizar mi sueño: vivir en Francia. Era la única manera de discernir si se trataba de un enamoramiento, fugaz y superficial, o realmente un llamado del destino. La fabulosa “BeibiMaiGad“, que estaba a mi lado, rió a carcajadas y fiel a su estilo, me aconsejó quedarme ahí de una vez para avisar que ella se quedaría con mi recámara. Tuve la certeza de que ése era el destino, más no el momento.

Pasé 4 años en Guadalajara y fui una gris universitaria – incapaz de vivir en la Perla Tapatía; regresé a Ciudad Guzmán para ser burócrata y hasta me fui al maravilloso Manzanillo para entrar en el mundo del turismo. Después de una historia de amor, de esas que uno vive por el gusto de sufrir, me empeciné en consumar el auto exilio y al fin, todo convergió en un cúmulo de condiciones que dejaron claro que era el momento.

No quise dejar México. Aunque es cierto que renegué muchas veces de mi patria cuyo nombre está en la boca de tantos seres demagógicos que viven del poder gracias a un pueblo pasivo que está acostumbrado a soportar cosas peores.

Francia siempre me llamó.

11 años y medio después, miro hacia atrás y veo el camino recorrido a pesar de las aflicciones, los agobios y los miedos… Recuerdo con afecto los sueños de la mujercita que era en aquel entonces y héme aquí; la misma, con otras ambiciones y quimeras; con nuevos lastres pero con las mismas ganas de vivir. Aún lejos de París y ahora también lejos de Zapotlán. Ni de aquí ni de allá.

Cuestión de confianza. La vida termina poniéndolo a uno siempre en el lugar correcto.

2 comentarios en “De sueños y realidades”

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