Amores, ESPAñOL

El príncipe rojo

Fui una niña de esas que crecieron en los noventa, sin televisión por cable, entre las taranovelas del 2, las princesas Disney y Barbies. Este texto no es para analizar si fue bueno, si fue malo. Simplemente así fue y por supuesto eso influyó en mí y en mi manera de ver las cosas ( aunque eso pueda ofuscar a mi adorado Osito Charmín, mi papá…)

Desde que me acuerdo, imaginaba y anhelaba mi encuentro con el “príncipe azul”. Fui una adolescente con una apariencia física ingrata, baja auto estima y una inseguridad enorme. Por consecuencia : nada de suerte con los muchachos.

Me dio por refugiarme en mis libros y en mis amores platónicos en los que pensaba durante aquellos mágicos atardeceres de Zapotlàn vistos desde la azotea de mi casa. Quería que el príncipe azul viniera a resolverme mi “complicada” vida.

Un arduo camino de experiencias y años más tarde, los problemas de auto estima logré resolverlos por mis propios medios… Y fue entonces cuando encontré un ejemplar único de una rara especie: un príncipe no azul sino rojo, es decir, la antítesis de aquello que imaginaba cuando era niña.

De príncipe no tiene nada (y qué bueno !) porque yo no tampoco tengo nada de princesa. Al fin comprendí que los príncipes y las princesas se quedan en los cuentos y en la vida real las historias de amor suelen ser mucho más interesantes.

Caí ante su “no encanto” porque él es simple, genial, auténtico y para mí, tiene un halo mágico a su alrededor que ilumina su gran corazón. No tiene gran importancia el hecho de que sea un hombre, como muchos (por no decir todos), de los que suele eructar fuerte cuando estamos comiendo que deja los calcetines apestosos y que – aunque sea francés- de romántico no tenga nada. Es el tierno papá de mi hija y mi marido desde hace 3 años.

… Y es así como a través de una entrada en éste blog, canalizo mi energía después de una desavenencia doméstica provocada por una pasta mal cocida y el caos en la cocina que yo dejo y él no soporta.

Lo fundamental sigue ahí, de pie. En momentos como éste, me gusta recordar que lo busqué, lo esperé y lo anhelé. Y ahí lo tengo. No vivimos en un cuento de hadas pero es mi príncipe “rojo”, el que yo escogí y del que tengo la certeza : es el hombre de mi vida.

Aunque a veces me den ganas de depilarle la cara entera con cera muy caliente…

3 comentarios en “El príncipe rojo”

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